E-commerce en Mar del Plata: la historia de Rollpix y cómo pivotear un negocio tecnológico

Desde finales de los 90, cuando internet era apenas un experimento para unos pocos, Renato Rossello junto a sus socios empezaron a explorar lo que después sería una de las industrias más dinámicas del mundo. Lo que nació como una solución casera para compartir fotos terminó evolucionando en una empresa con presencia internacional y, tras el colapso de su mercado original, en un actor consolidado del comercio electrónico.

Rollpix es una empresa de base tecnológica nacida en Mar del Plata que desarrolla soluciones de comercio electrónico para empresas de distintos rubros, desde retail hasta mayorista. Su propuesta apunta a optimizar procesos de venta, mejorar la experiencia del cliente y facilitar la integración entre canales digitales y físicos, resolviendo uno de los principales desafíos actuales del comercio: la unificación de la operación.

La plataforma funciona bajo un modelo flexible que se adapta tanto a esquemas B2C como B2B, permitiendo a empresas implementar sistemas de venta online en plazos muy cortos y con distintos niveles de complejidad. “Hoy el comercio electrónico ya no es una opción, es parte del negocio. Y cada vez más, lo importante no es solo vender online, sino integrar todos los canales en una experiencia única para el cliente”, explica Renato Rossello, destacando el cambio estructural que atraviesa el sector.

DALE PLAY: Mirá la entrevista completa al co-fundador de Rollpix Renato Rossello

De cómo compartir fotos

Todo empezó con un casamiento, una cámara digital y una idea que, en ese momento, parecía apenas un experimento entre amigos. Renato Rossello y sus socios no estaban buscando crear una empresa global ni anticiparse a una industria que todavía no existía. Estaban resolviendo algo simple: compartir fotos en internet cuando internet todavía no era lo que hoy conocemos. Pero ahí, sin saberlo, estaban tocando una fibra que después se convertiría en modelo de negocio.

Rossello se había graduado como ingeniero informático a fines de los 90 y, casi de inmediato, decidió emprender junto a Sebastián Desimone y Nicolás Marquevich. El primer proyecto formal surgió en 1999, cuando detectaron que una simple web para ver fotos había generado miles de visitas sin ningún tipo de difusión. La señal era clara: había algo ahí. Así nació una de las primeras plataformas de photo sharing del mundo, en una época donde Facebook ni siquiera existía.

Renato Rossello y Nicolás Marquevich presentando su solución innovadora

El crecimiento fue rápido y, sobre todo, silencioso. Desde Mar del Plata lograron desarrollar una solución de nicho que terminó exportándose a más de una decena de países, con clientes en toda Latinoamérica y Europa. Su tecnología permitía a laboratorios y grandes cadenas ofrecer servicios de impresión de fotos online bajo su propia marca, en un modelo que hoy se reconoce como software as a service, pero que en ese momento era pura intuición aplicada.

Pero el problema no vino desde la competencia, sino desde el comportamiento humano. La gente dejó de imprimir fotos. Y con eso, toda la industria que sostenía el negocio empezó a tambalear. Empresas globales cerraban, socios estratégicos se caían y el mercado, directamente, dejaba de existir. No fue un error. Fue un cambio de época.

Ahí apareció el momento bisagra. En lugar de insistir con un modelo agotado, Rossello y su equipo hicieron una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué sabemos hacer realmente? La respuesta no era “fotos”. Era comercio electrónico. Era tecnología aplicada a vender. Y desde ahí reconstruyeron todo.

Ese giro no solo les permitió sobrevivir, sino volver a posicionarse. Rollpix pasó de ser una solución específica a convertirse en una plataforma de e-commerce adaptable a múltiples industrias, trabajando hoy con empresas de distintos tamaños y rubros. La lógica fue la misma desde el inicio: entender el cambio antes de que sea evidente para todos.

En ese recorrido, además, Rossello fue ampliando su rol dentro del ecosistema. Participó en la creación de espacios de articulación tecnológica en la ciudad, impulsó iniciativas para transformar la matriz productiva local y se consolidó como una voz autorizada en temas de innovación y economía del conocimiento.

Hoy, con más de dos décadas encima, la historia no se cuenta como un caso de éxito lineal, sino como una secuencia de decisiones en contextos inciertos. Y, sobre todo, como la prueba de que en tecnología no sobrevive el que empieza primero, sino el que sabe cambiar a tiempo.

De cómo compartir conocimiento

Esa experiencia acumulada no solo le dio a Renato Rossello una mirada operativa del negocio, sino también una perspectiva más amplia sobre el rol que puede jugar una ciudad como Mar del Plata en la economía del conocimiento. Desde su participación en iniciativas como Aticma y su paso por la función pública, insiste en una idea que se repite en los ecosistemas más desarrollados: el talento existe, pero sin articulación no escala. Para que una ciudad se transforme, no alcanza con tener emprendedores aislados que funcionan bien puertas adentro; es necesario construir visibilidad, conexión y estrategia común entre sector público, privado y académico. Cuando eso ocurre, el impacto deja de ser individual y pasa a ser sistémico.

Renato Rossello reconocido por su trayectoria en Aticma y con el equipo de CACE

La fusión entre lo físico y lo digital

En paralelo, su lectura sobre el comercio electrónico también escapa a la mirada superficial del crecimiento constante. Para Rossello, el e-commerce ya dejó de ser una categoría en sí misma: es, simplemente, comercio. La distinción entre online y offline pierde sentido frente a un consumidor que espera una experiencia unificada. En ese contexto, las empresas que logran integrar canales, simplificar procesos y adaptarse a nuevas tecnologías —con la inteligencia artificial acelerando todo— son las que van a sostenerse en el tiempo. Las demás, como ya ocurrió en otras etapas, corren el riesgo de quedar fuera del sistema.

El equipo de Rollpix 2026

El conocimiento como industria

Historias como esta obligan a correr el foco. Durante años, Mar del Plata construyó su identidad productiva sobre lo visible: el turismo, el puerto, la industria tradicional. Pero mientras eso sucedía, en paralelo, se gestaba otro tipo de economía, más silenciosa, menos tangible, pero con capacidad real de escalar, exportar y generar valor.

Lo interesante no es solo que exista, sino que todavía esté parcialmente fuera del radar. Empresas que venden al mundo desde una oficina, equipos que desarrollan tecnología sin cartel a la calle, profesionales que trabajan para mercados globales sin moverse de la ciudad. No es una excepción: es una capa productiva que crece.

Ahí es donde Mardel Makers pone el ojo. No en lo ya conocido, sino en lo que está pasando aunque no siempre se vea. Porque entender ese movimiento no es solo contar historias: es empezar a leer hacia dónde puede ir la ciudad si decide tomarse en serio su propio potencial.

En un contexto donde todo cambia cada vez más rápido, estas historias funcionan como señal. No por lo que lograron, sino por cómo lo hicieron: leyendo el entorno, adaptándose y volviendo a empezar cuando hizo falta.

Ahí es donde se juega el futuro de ciudades como Mar del Plata. En su capacidad de detectar, conectar y potenciar a quienes ya están construyendo desde ese lugar.

Porque el talento está. La pregunta es si lo vamos a mirar como anécdota… o como punto de partida.

Tecnología e innovación aplicada en Mar del Plata

Esta nota forma parte de Tech Makers, la sección de Mardel Makers dedicada a proyectos tecnológicos, innovación digital, desarrollo de software, inteligencia artificial, plataformas, soluciones IT y emprendimientos que aplican tecnología para transformar procesos productivos y servicios en Mar del Plata.

Te invitamos a recorrer la sección para conocer iniciativas como Camet Robótica, o Pastech muestran cómo la tecnología se convierte en motor de innovación y competitividad local.

Mardel Makers es una plataforma editorial independiente y de producción 100% original la cual es apoyada por empresas e instituciones que creen en el espíritu emprendedor de los marplatenses.

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