Camet Robótica: visión inteligente para que las máquinas aprendan a ver

Hay historias que no arrancan con una ronda de inversión ni con una presentación en PowerPoint. Arrancan en un taller, en una escuela técnica, en una casa donde la computadora era una rareza y aprender significaba probar, equivocarse y volver a intentar. La de Camet Robótica es una de esas.

Desde Estación Camet, Francisco Gigliotti empezó a detectar algo que nadie estaba mirando: mientras el agro se tecnificaba, había un punto ciego en la línea de producción. El embolsado y el pesaje seguían haciéndose a mano. Ineficiente, impreciso, caro. El problema estaba ahí, esperando que alguien lo tomara en serio.

Camet Robótica nació para resolver eso. Diseña y fabrica maquinaria industrial automatizada —pesadoras y embolsadoras— pensadas específicamente para productores locales, con costos, mantenimiento y lógica productiva adaptada al territorio. No es copiar lo que viene de Europa: es entender cómo se trabaja acá y diseñar en consecuencia. El impacto es concreto: menos desperdicio, más precisión, más productividad y menos dependencia de maquinaria importada.

DALE PLAY: Mirá la entrevista a Francisco Gigliotti director de Camet Robótica

El primer paso no fue técnico, fue humano. Antes de fabricar nada, Gigliotti fue a hablar con los productores. Preguntó si comprarían una máquina así. Escuchó problemas reales: lluvias que frenan el trabajo, bolsas mal pesadas que generan pérdidas, mano de obra inestable. Cuando un cliente llamó un mes después preguntando “¿cómo viene esa idea?”, el proyecto dejó de ser una hipótesis.

La primera máquina tardó más de un año. Se diseñó en 3D, se simuló pieza por pieza, se fabricó con proveedores locales que muchas veces financiaron sin garantías. No había red. No había manual. Había obstinación. Durante mucho tiempo, Camet Robótica no fue empresa: fue fines de semana, feriados y noches largas después del trabajo formal.

El punto bisagra llegó en 2018, cuando Gigliotti decidió lanzarse de lleno. Dejar la seguridad para entrar en el terreno más incómodo: pagar sueldos, sostener estructura, asumir riesgo. En 2020, en plena pandemia, la empresa se formalizó. Paradójicamente, el contexto aceleró procesos: todo fue digital, rápido, forzado. Así nació oficialmente Camet Robótica.

Pero el verdadero salto vino cuando la empresa empezó a mirar más allá de la mecánica. En 2020, cuando la inteligencia artificial todavía no estaba en boca de todos, Camet desarrolló sistemas de visión artificial para identificar defectos en productos agrícolas: distinguir papas de cascotes, detectar roturas, clasificar tamaños. Donde antes había personas separando manualmente, ahora había cámaras entrenadas.

Esa misma tecnología se expandió a la industria alimenticia. Plantas como Solimeno comenzaron a usar visión artificial para monitorear líneas de producción en tiempo real: detectar paradas, medir productividad, identificar fallas, generar datos donde antes había planillas incompletas. El resultado no fue solo eficiencia: fue cultura de mejora continua.

Ese camino fue reconocido primero a nivel local y luego nacional. Camet Robótica ganó el premio a la Innovación en Inteligencia Artificial de ATICMA por su trabajo con Solimeno Congelados y, más tarde, el Sadosky de Oro, el mayor galardón de la industria del software argentina, y otro Sadosky por impacto digital. No por una app. Por resolver problemas industriales reales.

Hoy la empresa exporta tecnología desarrollada en Mar del Plata. La primera máquina enviada a Holanda no es solo un hito comercial: es una señal. Se puede diseñar, fabricar y vender tecnología compleja desde acá. No porque sea fácil, sino porque alguien decidió no resignarse a importar.

Camet Robótica no promete épica. Promete trabajo. Problemas todos los días. Máquinas que fallan, clientes que llaman, sistemas que hay que mejorar. Pero también demuestra algo clave: cuando la innovación se ancla en el territorio y responde a necesidades reales, el futuro deja de ser un discurso y se vuelve un proceso.

Historias como esta no son excepciones. Son señales. Señales de que Mar del Plata no solo consume tecnología: también la crea. Te invitamos a explorar nuestra sección de tecnología para que descubras los proyectos que posicionan a nuestra ciudad como cluster nacional. El desafío ahora es acompañar, conectar y escalar ese hacer silencioso que ya está construyendo futuro.

Una nueva generación de emprendedores tecnológicos

Los proyectos que integran Tech Makers comparten una mirada común: usar tecnología, datos e innovación digital para crear soluciones escalables, eficientes y con impacto real. Desde startups de software hasta desarrollos basados en inteligencia artificial y plataformas digitales, estos emprendedores forman parte de una nueva generación que está posicionando a Mar del Plata como un polo tecnológico en crecimiento.

Junto a otros proyectos de tecnología aplicada al agro que integran Tech Makers, esta iniciativa forma parte de una nueva generación de soluciones que combinan automatización, robótica e innovación para optimizar procesos productivos. Emprendimientos como Camet Robótica, Pastech y Sumi muestran cómo la tecnología desarrollada en Mar del Plata puede impactar en sectores tradicionales con alto potencial de crecimiento.

Podés conocer otras historias de emprendedores tecnológicos que integran esta sección y descubrir cómo distintos proyectos locales se conectan dentro de un mismo ecosistema de innovación.

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