Vísteme despacio: prendas únicas hechas al ritmo de la naturaleza

Magdalena Ortiz-Lubary llegó a Mar del Plata hace más de dos décadas y convirtió una búsqueda personal en un proyecto de diseño sostenible que combina tintes naturales, técnicas textiles ancestrales y producción artesanal. Desde su taller en el sur de la ciudad crea prendas únicas teñidas con cáscara de cebolla, eucalipto, yerba mate y otras especies vegetales, apostando por una forma de producir que privilegia el tiempo, la identidad y el vínculo con la naturaleza por encima de la lógica industrial.

La diseñadora, conocida como Magui, desarrolla cada pieza desde el origen de los materiales hasta los procesos de teñido, tejido y bordado. Su marca Mola se consolidó como una propuesta diferenciada dentro del universo textil marplatense, conectando saberes tradicionales, consumo consciente y diseño de autor en un momento en que la moda sostenible gana cada vez más espacio entre quienes buscan productos con historia, trazabilidad y menor impacto ambiental.

“Los teñidos nunca te salen uno igual al otro”, explica la emprendedora, una característica que transforma cada prenda en una pieza única dentro de una producción donde el tiempo y el trabajo manual siguen siendo protagonistas.

DALE PLAY: Mirá la entrevista completa a la diseñadora de Mola

Magui, la amiga que te arreglaba la ropa

La escena parece ir en dirección contraria a los tiempos que corren. Mientras buena parte de la industria textil busca producir más rápido, más barato y en mayores cantidades, Magdalena Ortiz-Lubary trabaja rodeada de hojas, cortezas, madejas de lana y telas que esperan pacientemente su transformación. No hay apuro. Hay procesos. Hay observación. Hay tiempo. Y quizás allí radique el secreto de una propuesta que encontró su identidad justamente en aquello que el mercado suele considerar una desventaja: la imposibilidad de acelerar lo artesanal.

Mucho antes de crear Mola, Magui ya convivía con el universo de los textiles. Creció viendo coser y tejer en su entorno familiar. Su abuela le enseñó a bordar y a manejar las agujas cuando todavía no imaginaba que algún día construiría una marca propia. Mientras otras personas descubren una vocación de manera repentina, en su caso fue algo que se fue acumulando lentamente, como las capas de color que hoy aparecen en sus prendas.

Aunque se formó en Bellas Artes y más tarde desarrolló su trabajo como vitralista dentro de las Artes del Fuego, el vínculo con la indumentaria nunca desapareció. Era la amiga que arreglaba ropa ajena, la que tomaba un pantalón para ajustarlo o encontraba una solución cuando una prenda necesitaba una segunda oportunidad. Sin saberlo, ya estaba entrenando una mirada que años después se convertiría en el corazón de su emprendimiento.

El punto de inflexión llegó mientras trabajaba junto a unas amigas dedicadas a la serigrafía textil. Allí comenzó estampando telas, aprendiendo sobre moldes y procesos de confección. Lo que empezó como una colaboración terminó despertando una pregunta simple: ¿por qué no desarrollar una línea propia? Las primeras prendas aparecieron como un experimento. Después llegó la necesidad de encontrar un lenguaje propio.

La búsqueda la llevó hacia los tintes naturales. No se trataba solamente de cambiar materiales. Había detrás una forma diferente de entender el diseño, la producción y el vínculo con el entorno. Cáscaras de cebolla, hojas de eucalipto, yerba mate, quebracho colorado, romerillo y otras especies comenzaron a reemplazar a los procesos industriales convencionales. Cada prueba implicaba investigar, equivocarse, volver a intentar y aprender algo nuevo.

Con el tiempo, Mola dejó de ser una exploración personal para transformarse en una propuesta reconocida dentro del universo del diseño sostenible. Sin abandonar la escala humana ni la producción artesanal, Magui fue encontrando un público dispuesto a valorar prendas que no compiten por cantidad sino por identidad. Cada tejido, cada bordado y cada teñido conservan la huella de quien los realizó.

Hoy, desde su taller en el sur de Mar del Plata y con presencia comercial en Chapadmalal, construye una forma de hacer que desafía muchas de las reglas tradicionales del crecimiento emprendedor. No busca producir miles de unidades idénticas ni convertir la velocidad en una ventaja competitiva. Su apuesta es otra: demostrar que todavía existe espacio para proyectos donde la paciencia, el oficio y la conexión con la naturaleza siguen siendo parte del producto final.

Sello de autor, el nuevo lujo sustentable

La historia de Maggi forma parte de una transformación silenciosa que atraviesa distintos sectores de la economía real. Cada vez más emprendedores eligen construir proyectos donde el impacto no se mide únicamente en volumen de producción o velocidad de crecimiento, sino también en trazabilidad, identidad, calidad y vínculo con el territorio.

En Mar del Plata, ese fenómeno adopta múltiples formas. Aparece en talleres textiles, laboratorios biotecnológicos, emprendimientos de base científica, proyectos de economía circular, iniciativas vinculadas a la alimentación, la sustentabilidad y las industrias creativas. Detrás de cada propuesta existe una misma pregunta: cómo generar valor sin perder de vista a las personas, el entorno y el propósito que dio origen al proyecto.

Por eso en Mardel Makers nos interesa tanto contar estas historias. Porque más allá del producto final, revelan algo que suele permanecer oculto: los procesos, los aprendizajes, los errores, las decisiones y las convicciones que sostienen a quienes se animan a emprender. Son relatos que ayudan a comprender cómo se construye el ecosistema productivo local desde abajo hacia arriba, a partir de miles de iniciativas que aportan diversidad, innovación y nuevas miradas sobre el futuro.

La experiencia de Mola dialoga con otras historias que pasaron por este sillón. Emprendedores que encontraron oportunidades donde otros veían límites, creadores que desarrollaron modelos propios y personas que eligieron recorrer caminos menos transitados para construir algo auténtico. En conjunto, conforman una radiografía de una Mar del Plata que no solo consume tendencias, sino que también las crea.

En una época donde gran parte de lo que consumimos se fabrica lejos, rápido y de manera estandarizada, proyectos como Mola recuerdan que todavía existen otras formas de producir. Formas donde el tiempo no es un problema a resolver sino parte del valor que recibe quien compra una prenda.

Cada tejido, cada bordado y cada tinte natural cuentan una historia que comenzó mucho antes de llegar al perchero. Hablan de oficio, de observación, de aprendizaje constante y de una relación más consciente con los materiales y con el entorno.

Quizás por eso la propuesta de Maggi conecta con una tendencia que crece en todo el mundo: la búsqueda de productos con identidad, origen conocido y procesos transparentes. No se trata solamente de vestirse. Se trata de elegir qué historias queremos acompañar con nuestras decisiones cotidianas.

Desde Chapadmalal y el sur de Mar del Plata, Mola demuestra que la innovación no siempre nace en grandes fábricas ni en laboratorios de alta tecnología. A veces surge en un taller donde una cáscara de cebolla, una hoja de eucalipto o una madeja de lana pueden convertirse en el punto de partida para crear algo único. Y esa también es una forma de construir futuro.

Innovación con impacto en Mar del Plata

Los emprendimientos que integran la sección Eco Makers comparten una mirada común: crear valor económico sin perder de vista el impacto social y ambiental. Desde modelos productivos sustentables hasta proyectos de innovación con propósito, estos emprendedores forman parte de una nueva generación que está redefiniendo la forma de hacer empresa en Mar del Plata.

Podés conocer otras historias de emprendedores de triple impacto que integran esta sección como Pañales Eco Party  o + Uso y descubrir cómo distintas iniciativas locales están conectadas por una misma visión de futuro. Te invitamos a leer la nota donde varios emprendimientos sustentables locales participaron de la Bioferia en Palermo, Mola es la marca local que más ha participado de este mega evento.

Mardel Makers es una plataforma editorial independiente y de producción 100% original la cual es apoyada por empresas e instituciones que creen en el espíritu emprendedor de los marplatenses.

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