Ingeniería con propósito: un equipo de UFASTA desarrolla una solución para que comunidades aisladas tengan agua segura

Docentes y estudiantes de Ingeniería Ambiental de UFASTA, junto al Grupo de Recursos Hídricos de la Facultad de Ingeniería, desarrollan un proyecto financiado por la Fundación ICUSTA para mejorar el acceso al agua segura y al saneamiento en comunidades rurales y pueblos originarios del norte de Salta mediante investigación aplicada, energía sostenible y compromiso territorial.

Hay proyectos que nacen en un laboratorio y otros que encuentran su verdadero sentido cuando llegan a las personas. El que impulsa el Grupo de Recursos Hídricos de la Facultad de Ingeniería de UFASTA pertenece a esa segunda categoría. Lo que comenzó como una propuesta de investigación hoy se traduce en soluciones concretas para comunidades que conviven con una de las problemáticas más críticas del norte argentino: el acceso al agua segura.

La iniciativa, dirigida por la Dra. María Lourdes Lima, obtuvo financiamiento de la Fundación ICUSTA y permitió desarrollar dos campañas de trabajo en territorio junto al Centro Misionero Franciscano de Aguaray, referentes locales y voluntariado franciscano. El objetivo es mejorar las condiciones de abastecimiento de agua y fortalecer la salud pública en comunidades afectadas por la escasez hídrica y las sequías cada vez más intensas.

Del laboratorio al territorio

La primera etapa del proyecto estuvo orientada a mejorar el acceso al agua mediante sistemas de bombeo alimentados con energía solar para extraer agua de acuíferos en comunidades rurales aisladas.

Sobre esa experiencia, este año el equipo dio un paso más con la instalación de filtros de agua diseñados para mejorar la calidad del recurso que consumen familias y escuelas rurales. Además de instalar los equipos, los investigadores realizaron un muestreo antes y después del proceso de filtrado para evaluar científicamente los resultados mediante análisis de laboratorio que se realizarán en Mar del Plata.

Tecnología que también enseña

Uno de los aspectos más valorados por el equipo fue la forma en que se desarrolló el trabajo. En lugar de instalar una solución y retirarse, docentes y estudiantes compartieron el proceso con integrantes de las propias comunidades para que comprendieran el funcionamiento de los equipos y pudieran apropiarse de la tecnología.

Esa decisión respondió a una convicción simple: una solución sostenible no depende únicamente de la tecnología, sino también del conocimiento que queda en quienes la utilizarán todos los días.

«Queríamos que el filtro fuera realmente de ellos. Que supieran cómo funciona, cómo mantenerlo y que la solución pudiera sostenerse en el tiempo», explicó María José Martín Velazco, integrante del Grupo de Recursos Hídricos.

Una realidad que solo se comprende estando ahí

Para el equipo, la experiencia también significó descubrir una realidad que difícilmente pueda entenderse desde un informe técnico. Durante la campaña se alojaron en Santa Victoria Este, uno de los principales poblados del departamento Rivadavia, desde donde partían hacia las distintas comunidades. Para llegar hasta la escuela albergue Aguas Verdes, por ejemplo, debieron recorrer entre dos y tres horas en camioneta 4×4 por caminos de tierra extremadamente áridos, con arena fina, profundos pozos y sectores donde los vehículos pueden quedar encajados. Ese recorrido les permitió dimensionar el aislamiento en el que viven muchas familias criollas y comunidades originarias dispersas en el monte salteño, lejos de los servicios básicos y de cualquier infraestructura que garantice el acceso al agua potable.

Esa inmersión en el territorio también transformó la mirada del equipo. María José Martín Velazco recuerda que no solo encontraron necesidades urgentes vinculadas al agua, sino también comunidades que conservan vivas sus lenguas, costumbres y formas de organización. «Yo no tenía dimensión de la cantidad de pueblos originarios que todavía existen ni de la riqueza cultural que mantienen», relató. Esa experiencia reforzó una decisión que atravesó todo el proyecto: trabajar junto a las personas y no únicamente para ellas. Por eso, en la comunidad Santa María, fueron los propios jóvenes quienes instalaron el sistema de filtrado, aprendieron su funcionamiento y se apropiaron de una tecnología pensada para perdurar en el tiempo, evitando que se convierta en otra solución externa destinada al abandono.

Ingeniería para transformar realidades

Más allá de los resultados obtenidos en esta etapa piloto, el proyecto demuestra cómo la investigación universitaria puede convertirse en una herramienta concreta para mejorar la calidad de vida de las personas.

En un contexto donde el acceso al agua segura representa uno de los grandes desafíos ambientales y sanitarios, experiencias como esta muestran el valor de articular ciencia, innovación, cooperación internacional y compromiso social para generar soluciones con impacto real.

El equipo ya trabaja en nuevas convocatorias de financiamiento que permitan ampliar la iniciativa y llegar a más comunidades del norte argentino.

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Con prácticas de laboratorio, trabajo de campo, proyectos de investigación y una fuerte vinculación con la comunidad, la propuesta busca que los futuros ingenieros transformen el conocimiento en acciones concretas. Porque estudiar también puede ser una forma de mejorar la vida de otras personas.

Quienes deseen conocer el plan de estudios, las incumbencias profesionales y el proceso de inscripción pueden consultar la información oficial de la carrera de Ingeniería Ambiental de UFASTA.

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