Biotecnología: Unibaio, la startup marplatense que reduce el uso de agroquímicos y escala al mundo

Hay innovaciones que no hacen ruido, pero cambian reglas. No nacen en grandes capitales ni en laboratorios blindados al mundo real. Nacen donde alguien decide mirar un problema cotidiano con otra lógica. En este caso, el punto de partida fue un residuo abundante de la industria pesquera marplatense y una pregunta incómoda para el agro global: ¿es posible producir alimentos de manera más eficiente usando menos químicos?

Desde Mar del Plata, Unibaio, una startup de base científica viene demostrando que sí. Su trabajo combina biotecnología, investigación de largo plazo y una mirada productiva orientada al impacto. El objetivo es claro: ayudar a los productores agrícolas a reducir el uso de agroquímicos sin resignar rendimiento, calidad ni competitividad.

Unibaio está liderada por el economista Matías Figliozzi, CEO y Claudia Casalongue, doctora en biología e investigadora con décadas de trayectoria científica. “Somos una startup orgullosamente marplatense que busca ayudar a los productores a usar menos químicos para producir los alimentos que consumimos”, explica Figliozzi. Casalongue aporta la base científica del desarrollo y lo resume con precisión: “Nuestra tecnología parte de un compuesto natural, biodegradable e inocuo, que permite activar las defensas de la planta y hacerla absorber mejor los nutrientes y tratamientos”.

DALE PLAY: Mirá la entrevista a Matías Figliozzi y Claudio Casalongue de Unibaio

Una solución hecha producto

La solución se materializa en un aditivo llamado «Turbo Charge» que optimiza el uso de pesticidas y nutrientes mediante una tecnología de encapsulación a escala nanométrica. Esta tecnología, desarrollada a partir del quitosano —un compuesto natural obtenido de residuos de langostino— actúa como un activador biológico que “engaña” a la planta, estimulando sus mecanismos de defensa y absorción. El resultado es simple de explicar, aunque complejo de desarrollar: con menos insumo químico, la planta responde mejor.

El producto, lanzado recientemente en Argentina, ya tiene aplicaciones concretas en cultivos como papa, tomate y manzana, y comenzó su expansión internacional con experiencias en Chile y Estados Unidos. No se trata de una promesa a futuro, sino de una tecnología en uso, validada en campo y adoptada por productores reales.

«Turbo Charge» el producto que resume años de investigación y que impacta en los cultivos gracias a sus micropartículas basada en polímeros naturales

El silencioso trabajo de investigación

Detrás de este desarrollo hay décadas de trabajo científico realizados en el Instituto de Investigaciones Biológica Conicet – Universidad Nacional de Mar del Plata. Años de laboratorio, publicaciones, formación de recursos humanos y patentes dentro del sistema científico argentino. Durante mucho tiempo, el trabajo estuvo guiado por una lógica académica: investigar por investigar. El punto de inflexión llegó cuando ese conocimiento acumulado encontró un camino productivo. La pandemia, los programas de aceleración y la conformación de un equipo interdisciplinario terminaron de cerrar el círculo.

Ahí aparece otro rasgo distintivo del proyecto: la combinación entre ciencia profunda y visión emprendedora. La resiliencia, tan natural en el mundo científico como en el emprendedor, fue clave. Fallar, aprender y volver a intentar no es un slogan, es método. La diferencia es que acá el error no se esconde: se capitaliza.

El contexto global también jugó su parte. El agro enfrenta una tensión creciente entre sustentabilidad y productividad. La presión regulatoria, la demanda de consumidores más conscientes y la necesidad de garantizar alimentos accesibles para una población en crecimiento obligan a buscar soluciones intermedias. En ese espacio —ni puramente químico ni idealmente orgánico— esta tecnología encuentra su lugar. No elimina los agroquímicos de un día para otro, pero permite usarlos mejor, en menor cantidad y con mayor eficiencia.

El impacto no es solo ambiental. También es económico, productivo y estratégico. Grandes compañías del sector ya están probando la tecnología como parte de nuevas formulaciones, impulsadas por un cambio de paradigma que ya no tiene marcha atrás.

El dream team marplatense

El equipo de UNIBAIO no es un conjunto indistinto de nombres, sino una estructura con roles definidos que articulan ciencia, innovación y gestión. El liderazgo científico lo encabeza la doctora Claudia Casalongue, responsable del desarrollo biotecnológico y de coordinar las validaciones experimentales en cultivo. A su lado, Vera Álvarez, especialista en nanotecnología, y Florencia Salcedo, con experiencia en investigación aplicada, optimizan las formulaciones y protocolos de campo; Daniela Caprile aporta rigor investigativo y vinculación con redes académicas. En la otra punta del proceso, Matías Figliozzi asume la dirección ejecutiva y comercial: gestiona alianzas con productores, relaciones institucionales y la estrategia de expansión internacional, incluyendo la operación desde la base en Nueva York con productores de manzanas. Esta combinación de perfiles —ciencia pura, desarrollo aplicado y gestión estratégica— permite que Unibaio no solo investigue sino que despliegue soluciones tangibles en el agro, conectando laboratorio, campo y mercado de manera coordinada.

Premios que impulsan

Para Matías, la clave está en el enfoque híbrido: “No se trata de eliminar todo lo que funciona en el agro, sino de usarlo mejor, con menos impacto y más eficiencia”. Ese recorrido empezó a ganar reconocimiento internacional cuando el proyecto fue distinguido en 2025 por el World Food Forum, iniciativa vinculada a Naciones Unidas, y se consolidó un año antes con el Grow NY , un premio otorgado por la Universidad de Cornell, que impulsó la apertura de oficinas en el estado de Nueva York para trabajar junto a productores de manzanas y escalar la tecnología en uno de los principales polos agrícolas de Estados Unidos.

Mar del Plata, una ciudad con grandes científicos

Aunque el proyecto tiene presencia internacional y oficinas en Estados Unidos, su anclaje territorial sigue siendo Mar del Plata. El equipo científico trabaja desde la ciudad, se atrae talento, se relocalizan profesionales y se construye conocimiento aplicado desde el sur. Lejos de ser un dato anecdótico, es una señal: el desarrollo científico-productivo no es patrimonio exclusivo de los grandes centros.

La mirada sobre el futuro de la ciudad aparece con claridad. Mar del Plata no es solo turismo. Es industria del conocimiento, biotecnología, investigación aplicada y nuevos modelos productivos. Es universidad, sistema científico, emprendedores y redes que empiezan a conectarse. El potencial está en las personas y en su capacidad de transformar conocimiento en impacto.

El legado que buscan quienes impulsan este proyecto no se mide solo en productos o premios internacionales —que los hay—, sino en multiplicación. Más ciencia aplicada, más startups de base tecnológica, más puentes entre universidad, empresa y territorio. Más Mar del Plata pensándose como nodo productivo del futuro.

En tiempos de ruido y corto plazo, este tipo de historias recuerdan algo esencial: innovar también es insistir en silencio durante años, hasta que el mundo está listo para escuchar.

Ciencia, biotecnología e innovación aplicada en Mar del Plata

Mar del Makers es una plataforma editorial que visibiliza el ecosistema emprendedor, productivo y creativo de Mar del Plata. Esta nota se inscribe dentro de esa mirada y dialoga con otros desarrollos de base científica que vienen consolidando a la ciudad como un nodo relevante de innovación productiva, te invitamos a visitar la sección: Biotech Makers. Casos como ThermoReleaf , Argentag, y la nueva StipiaTec, junto a iniciativas biotecnológicas como Unibaio, muestran que la ciencia aplicada dejó de ser una excepción para convertirse en un activo estratégico del territorio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *