Nuevo IPC: los cambios más importantes en la fórmula del Indec

El organismo estadístico nacional implementó una nueva metodología para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Desde la Facultad de Ciencias Económicas de UFASTA explicaron los cambios técnicos y su impacto en la medición del consumo y el poder adquisitivo.

Tras el anuncio del INDEC sobre la modificación en el régimen de medición de la inflación, la decana de la Facultad de Ciencias Económicas de UFASTA, Gabriela Alejandra Comas, detalló los principales cambios que introduce la actualización metodológica del Índice de Precios al Consumidor (IPC).

Según explicó, la nueva medición se basa en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017–2018, reemplazando la estructura utilizada hasta ahora correspondiente al período 2004–2005. Esta actualización permite reflejar con mayor precisión el peso real de los bienes y servicios dentro del gasto de las familias argentinas.

Entre las modificaciones más relevantes se destaca la ampliación del relevamiento de precios, que pasa de unos 320.000 a cerca de 500.000 registros mensuales, junto con la digitalización del proceso de recolección de datos mediante dispositivos móviles y la adopción de la clasificación internacional COICOP 2018, lo que mejora la comparabilidad estadística con otros países.


El nuevo esquema otorga mayor protagonismo a los servicios dentro de la canasta de consumo, especialmente en rubros como vivienda, transporte, comunicaciones y recreación. En paralelo, otros segmentos como alimentos, vestimenta y salud reducen su incidencia proporcional en el cálculo final del índice.

La actualización también mejora la representatividad regional, incorporando con mayor precisión los hábitos de consumo del interior del país en relación con el área metropolitana, y sumando consumos propios de la economía digital, como servicios de streaming, plataformas financieras y nuevas modalidades de transporte.

En términos de lectura económica, la reducción de la incidencia del rubro alimentos —históricamente cercano al 27 % y ahora en torno al 22,7 %— refleja una diversificación del gasto de los hogares hacia servicios y tecnología, en línea con cambios culturales y productivos de los últimos años.


Comas subrayó que comprender cómo se construye el IPC resulta clave para interpretar la evolución del poder adquisitivo: “Entender su metodología permite a las familias planificar mejor su economía personal y confiar en que el índice se construye con métodos científicos actualizados”.

Asimismo, destacó que el indicador impacta en múltiples variables económicas, desde tarifas y alquileres hasta impuestos y prestaciones sociales, y que su correcta interpretación permite diferenciar aumentos puntuales de precios de procesos inflacionarios más amplios.


Actualizar cómo se mide la inflación no cambia la inflación en sí, pero sí mejora la forma de entenderla. Y en economías atravesadas por la incertidumbre, medir mejor también es una forma de ordenar expectativas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *