Mundo gamer: Bigfoot desarrolló más de 150 videojuegos desde Mar del Plata para el mundo

El desarrollo de videojuegos dejó de ser una fantasía lejana para convertirse en una industria concreta en Mar del Plata. Un ejemplo es Bigfoot Gaming, un equipo que nació con prototipos básicos y trabajos freelance y hoy desarrolla juegos para el mercado global. La historia muestra cómo se construye una empresa internacional desde lo local, en un sector donde el talento técnico, la creatividad y la capacidad de adaptación definen quién sobrevive y quién queda en el intento.

Bigfoot Gaming es un estudio de desarrollo de videojuegos que crea experiencias digitales para el mercado global, trabajando tanto en proyectos propios como en colaboración con publishers internacionales. Su propuesta combina programación, arte, diseño y análisis de métricas para desarrollar productos que compiten en una industria donde el 90% de los juegos no logra consolidarse.

El modelo de trabajo alterna entre desarrollos por encargo y proyectos originales, testeando cada juego en etapas tempranas para medir su rendimiento antes de escalar. “Nuestro trabajo es entender cómo crecer incluso sabiendo que vamos a fallar muchas veces”, explica su CEO y Co – fundador Joao “Jojo” Batista, sintetizando una lógica donde iterar rápido, aprender y sostenerse en el tiempo resulta más importante que el éxito inmediato.

DALE PLAY: Mirá la entrevista completa al co-fundador de Bigfoot Gaming

El juego de Jojo

Todo empezó con una escena bastante clásica: un pibe al que le gustaban los videojuegos y al que le dijeron que de eso no se podía vivir. La respuesta no fue discutirlo, fue crear sus propios juegos.

El plan original de Joao «Jojo» Batista era previsible: estudiar en Tandil, recibirse, irse del país y trabajar para una gran empresa diseñando videojuegos. Pero en el medio apareció lo que suele desordenar cualquier hoja de ruta prolija: otros iguales. Amigos, socios, gente con la misma inquietud. Y una pregunta incómoda que cambió todo: ¿para qué irse, si esto también se puede hacer desde acá?

El primer movimiento fue casi impulsivo. Dos semanas de vacaciones, cero descanso y un prototipo armado en horas. No era un videojuego en serio, era una prueba. Pero alcanzó. De ese experimento salieron los primeros trabajos, más demanda de la esperada y una decisión que define todo lo que vino después: renunciar a su trabajo formal junto a su flamante socio y compañero de estudios Gastón Claret.

A partir de ahí, el camino dejó de ser romántico y empezó a ser real. Aprender haciendo, fallar muchas veces, sostenerse cuando los resultados no aparecen y entender que en esta industria el talento técnico no alcanza. Hacer videojuegos también es interpretar qué le pasa al otro del otro lado de la pantalla. Y eso no se estudia, se entrena.

Con el tiempo llegaron más socios, se armó equipo, se profesionalizó el proceso y el estudio empezó a jugar en otra liga: proyectos internacionales, vínculos con publishers y desarrollos que ya no dependen de la intuición sino de datos, experiencia y criterio.

Trabajar en un videojuego oficial de Doctor Who marcó un punto de inflexión para el equipo: no solo implicó desarrollar contenido original dentro de un universo global, sino también adaptarse a estándares de producción mucho más exigentes, con validaciones constantes de la BBC y control creativo en cada detalle. Fue el paso de hacer juegos a integrarse en una industria donde cada decisión tiene impacto internacional.

Pero incluso después de más de una década y más de 150 juegos desarrollados, la lógica no cambió tanto. La búsqueda sigue siendo la misma: estar listos para cuando aparezca ese proyecto que haga la diferencia. Porque si algo aprendieron en el camino es que en esta industria nadie la pega de casualidad, pero tampoco sobrevive sin insistir lo suficiente.

La Mar del Plata gamer

Hay algo que pasa seguido en Mar del Plata: convivimos con industrias que ya están jugando en el mundo sin hacer demasiado ruido. No tienen vidriera, no están en la conversación diaria y, sin embargo, operan con estándares globales desde una lógica local.

El desarrollo de videojuegos es uno de esos casos. No solo por lo que produce, sino por lo que representa: talento técnico formado en el sistema público, equipos distribuidos, conexión directa con mercados internacionales y una dinámica donde el límite geográfico deja de importar. Acá no se exportan solo servicios, se exporta criterio.

Historias como esta no son una excepción aislada, son señales. Señales de una ciudad que, cuando logra articular talento, comunidad y oportunidades, empieza a posicionarse en industrias donde antes ni figuraba.

En ese mapa, MDMK no cuenta casos: construye contexto. Porque entender lo que está pasando es el primer paso para que pase más seguido. Lo interesante no es que esto esté pasando. Lo interesante es que todavía no lo terminamos de dimensionar.

Si una ciudad puede formar talento capaz de competir con los mejores del mundo, entonces la discusión ya no es si se puede, sino cuántas veces más va a pasar. Y qué hace falta para que no sea la excepción, sino la norma.

Porque detrás de cada proyecto que escala hay algo más grande en juego: la posibilidad de construir una economía real basada en conocimiento, creatividad y decisión.

El desafío no es mirar estas historias como casos aislados. Es tomarlas como punto de partida.

Tecnología e innovación aplicada en Mar del Plata

Esta nota forma parte de Tech Makers, la sección de Mardel Makers dedicada a proyectos tecnológicos, innovación digital, desarrollo de software, inteligencia artificial, plataformas, soluciones IT y emprendimientos que aplican tecnología para transformar procesos productivos y servicios en Mar del Plata.

Te invitamos a recorrer la sección para conocer iniciativas, startups y experiencias que muestran cómo la tecnología se convierte en motor de innovación y competitividad local.

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